viernes, septiembre 26, 2008

...no creo en más infierno que tu ausencia...

El cura dijo que lo importante no es cómo morimos, sino que morimos. Yo creo que lo importante es que vivimos y cómo vivimos. Cuanto más me acercan las circunstancias a su manera de ver la vida y la muerte, más me aleja mi sentido común.
No sé si he hablado de ello alguna vez en este recreo, pero hubo un tiempo en que yo me pasaba los domingos por la mañana en la iglesia del barrio. Cantábamos en el coro, íbamos a la misa de niños y luego nos quedábamos en la iglesia vieja "ensayando" para el domingo siguiente. Y lo pongo entre comillas porque allí tocar la guitarra y cantar, pues sí, pero de la iglesia, pues no. Allí sonaba Antonio Vega, Los Secretos, Ismael Serrano y, sobre todo, las canciones de Javi, que le pedíamos de forma constante.
Supongo que a base de pasar tanto tiempo allí acabamos saliendo espantados. O fueron las circunstancias, los estudios, los trabajos los que nos alejaron. Y nos alejaron de la iglesia, porque nosotros, los que queremos, nos seguimos viendo.
Desde entonces la visito poco o nada. No es que no crea en Dios, que creo porque me han enseñado y porque confío firmemente en que después tiene que haber algo. No podría vivir pensando que todo se acaba cuando un médico decreta la hora de tu muerte. ¿Qué hay después? Pues no sé. A mi me gustaría que no fuese demasiado distinto a esto. Pero no lo sé. Lo que tengo claro es que no tengo prisa por verlo ni intención de volver para contarlo.
Lo que no creo es en la Iglesia. En los curas predicadores y practicantes del haz lo que yo diga pero no lo que yo haga, de los templos llenos de riquezas mientras cooperantes y misioneros se meten al río hasta las rodillas para arreglar ese mundo tan destrozado que describen desde los púlpitos.
Yo, como solía decir Javi, sigo pensando que si los curas comiesen piedras de río no estarían tan gordos los tíos jodíos.
Mi relación con Él se limita desde entonces a pedirle ayuda de vez en cuando, cuando la cosa se pone fea y yo lo veo todo negro. Le digo que no me obligue a creer en él por lo que dicen, que yo creo en él porque amanece cada día, porque hace que vea una sonrisa de vez en cuando que me alegre cada mañana, porque nos da un día más para vivirlo y disfrutarlo, aunque sea hechos polvo y fuera esté lloviendo.
Y Él, que es un tío enrollao, me dice que me entiende, que él mismo expulsó a los mercaderes del templo y que, si pudiera, haría lo mismo ahora y que no nos va a dejar tirados ahora.
Ayer me acordé de todas esas mañanas, de todas las razones que me alejan y me acercan a Él y a los que dicen que son sus embajadores en la Tierra y me di cuenta de que lo importante es vivir y de que esta vez tampoco va a dejarnos en la estacada.

1 comentario:

Laura Abella dijo...

Vaya..., nunca deja de sorprenderme la de cosas que tenemos en común Lau!! Podría subscribirlo entero, entero.

( en otra lugar, deguramente con una diferencia de algunos años, pero con el mismo nombre y las mismas mismas sensaciones, conclusiones o lo que sea..al respecto).

;)

Amén ;)